No necesito estar solo.¿Quién necesita estar solo?
No necesito tener miedo.
¿Quién necesita tener miedo?
http://www.youtube.com/watch?v=U46Hz4E0CuA
He aquí mis gustos, así como mis opiniones sobre diversos temas. Cuantas más personas participen de los mismos, mayor razón de ser hallará este espacio. Cuento con vuestra colaboración, pues.
No necesito estar solo.
Hay tanta belleza en Gran Torino, tanta humanidad, tanta sabiduría y tanta masculinidad (dicho sea en el mejor sentido del término), que uno no puede sino descubrirse ante el apabullante talento de Clint Eastwood. Pocos filmes han detallado con tanta precisión la severa crisis de valores que nuestra actual sociedad acarrea. Y por favor, que no me vengan con el cuento de que es una película facha porque por ahí sí que no paso (lo diré de otro modo: si la última propuesta del director de Los puentes de Madison postula un ideario fascista, un servidor proclama orgullosamente a los cuatro vientos su subscripción al mismo). El único “pero” que le pongo a tan excepcional largometraje es que la interpretación de Eastwood me resulta, en determinados pasajes, excesivamente forzada, tópica y caricaturesca: entre otras consideraciones, no creo que sea necesario escupir cada cinco minutos para componer un personaje huraño.
Otra cosa. Soy del Barça a morir. El club blaugrana es para mí una religión. Mejor aún. No obstante, como español que soy, lamento la debacle europea del Real Madrid. Todavía más: al margen de toda identidad nacional, no me parece saludable disfrutar de las derrotas de nadie. “Ojo por ojo… y el mundo se quedará ciego”, dijo mi maestro, Mahatma Gandhi.
A mi entender, Slumdog Millionarie es muy poquita cosa. ¡Con lo que a mí me gustan las películas de “amores”! Acaso todo se reduzca al hecho de que, por lo general, no me agrada el modo en que filma Danny Boyle (aunque en honor a la verdad debo decir que, contando su recién oscarizada propuesta, tan sólo he visto tres filmes del prestigioso cineasta británico: Trainspotting (1996), del cual “deserté” mediados 15 minutos de proyección, y 28 días después (2002), que me resultó de mayor interés). No logro simpatizar con su acusada tendencia a multiplicar los planos (en una suerte de “más siempre es más”) y con su empleo de un montaje sincopado y embrollado que –en mi opinión- confunde el ritmo con el desorden narrativo. Es posible que, como me decía mi santa madre, la mayoría de espectadores no presten atención a tales detalles, lo cual me parece muy respetable. No obstante, y en palabras del gran José Luis Coll, “Cada uno es como es… y bastante desgracia tiene”.
No em preguntis, amor, per què t’estimo,
Suman tres en mi pecera,
Rambla de Canaletes. Madrugada. Àlex y un servidor transitan la misma, despreocupados. Una de las numerosas prostitutas de color que frecuentan dicha vía toma mi brazo derecho. La muchacha, joven y de bastante buen ver, me dice que me quiere. No contenta con ello, dibuja sobre mi espalda con sus tetas el mapa de una remota población africana. Sus ubres, si bien no excesivamente grandes, se insinúan con firmeza, desvelando mis adormecidos sentidos. Empero, me deshago amablemente de ella y, a partes iguales cobarde y prudente, reanudo la marcha. Por unos euros de nada...